Caso de estudio
Un portal pensado para que cada nuevo proyecto de podcast arranque con el pie derecho: brief claro, referencias sonoras y un calendario de entregas definido desde el primer día.
Cuando un cliente llega al estudio con una historia que quiere contar, el primer obstáculo no suele ser la creatividad, sino la organización. Este proyecto nació de esa necesidad: centralizar toda la información inicial —objetivos del podcast, público, tono, referencias de otros programas y limitaciones técnicas— en un único espacio accesible para el equipo y para el cliente.
El portal no sustituye las conversaciones; las ordena. Cada sesión de trabajo queda registrada, cada versión de guion tiene su lugar y las decisiones sobre diseño de sonido se documentan para que nadie pierda el hilo a mitad de producción.
Los proyectos llegaban con ideas potentes pero con información dispersa: correos sueltos, notas de voz, documentos compartidos sin estructura. El equipo perdía tiempo reuniendo contexto y el cliente no tenía visibilidad sobre el estado real del proceso.
Diseñamos un flujo de incorporación en tres fases: cuestionario inicial, sesión de escucha de referencias y definición de entregables. Cada fase genera un documento interno que alimenta la producción y que el cliente puede consultar cuando quiera.
Resultado
Reducción del tiempo de preparación en un 40% y menos idas y venidas en las primeras semanas de cada proyecto.
Cuestionario guiado que cubre género, duración estimada, periodicidad, equipo disponible y referencias de programas que el cliente admira. Las respuestas alimentan una ficha de proyecto compartida.
Reunión de 90 minutos donde analizamos juntos tres o cuatro podcasts de referencia: ritmo narrativo, uso de música, tratamiento de voces. De aquí salen acuerdos concretos sobre estilo.
Calendario realista con hitos visibles: primer guion, grabación piloto, diseño sonoro y mezcla final. Cada hito tiene un responsable claro y una fecha de revisión conjunta.
El portal funciona porque no intenta resolverlo todo. Se limita a poner orden en el inicio del proyecto, que es donde más se nota la diferencia entre una producción ágil y una que se atasca. Los clientes valoran saber qué viene después y por qué.
La documentación generada en el onboarding se convierte en la referencia durante toda la producción. Cuando surgen dudas sobre el tono o el enfoque, volvemos al brief y resolvemos sin ambigüedades.